07/01/12

Dar y recibir: Pesimismo vs Optimismo

“Lo esencial es invisible a los ojos”, dice El Principito, y vaya que a veces cosas tan pequeñas, tan ‘obvias’ y a la vez tan profundas que llegan a pasar desapercibidas o que, a fuerza de cotidianidad, terminamos dándolas por hecho hasta el punto de casi olvidarlas.

Hoy me di cuenta de algo que, sea por falta de autocrítica o sea por lo dicho en el párrafo anterior, no había notado a conciencia sino hasta ahora:

No me gustan las personas negativas, me entristece que mis conocidos caigan en desesperanza, porque ésta se contagia fácilmente y porque cuando la esperanza se desvanece la derrota llega antes de que termine la batalla. Necesito que las personas sean positivas para serlo yo mismo, para sentir que ‘sí se puede’ y sin embargo ¡ay qué pesimista soy para con los demás! Desestimo el trabajo ajeno, esquivo lo que para otros podría ser un buen momento, gusto de corregir/cambiar/arruinar la tesis de otras personas… Si soltara toda la mierda que se me ocurre, al final del día no sé qué optimismo podría quedar en quién la escuche.

Dicho de otro modo, qué positivo quiero que sea el mundo para conmigo y qué negativo puedo resultar para con los demás. Y luego viene lo otro: O tengo miedo de quedarme realmente solo, o tengo miedo de equivocarme y hacer verdaderamente el ridículo, o aún me queda algo de sensatez, el caso es que me guardo buena parte de mis comentarios negativos esperando no meter la pata. ¡Cállate, espera un momento y fíjate si realmente estás hablando con sentido o si sólo es que dejaste el modo criticar en automático! Recuerda que crítica en automático no es crítica, se necesita usar el cerebro para que lo sea.